He perdido la cuenta de cuántas veces me ha contactado alguien pidiendo presupuesto para una web y cuando le mando cifras realistas me dice «es que he visto webs por 300 euros». Y tiene razón, las hay. También hay coches de 3.000 euros y casas de 30.000. La pregunta no es si existen, sino si es lo que realmente necesitas para tu negocio.
Después de más de 15 años haciendo webs, he visto de todo. He visto negocios que apostaron por lo barato y acabaron gastando el triple arreglando problemas. Y he visto otros que invirtieron bien desde el principio y su web se convirtió en su mejor comercial. La diferencia entre ambos no está solo en el precio.
Qué incluye realmente una web barata
Cuando alguien te ofrece una web WordPress por 300 o 500 euros, no te está estafando necesariamente. Pero tienes que entender qué estás comprando exactamente.
Normalmente es una plantilla premium instalada tal cual, con tus textos y algunas fotos. El proveedor invierte quizás 4 o 5 horas en total. Instala WordPress, activa la plantilla, cambia colores, pone tu logo, rellena las páginas básicas. Funciona, sí. Pero es básicamente una plantilla con tu nombre.

El problema viene después. Esa plantilla trae 47 plugins porque el desarrollador quiso que hiciera de todo para todos. La mayoría no los necesitas. Algunos entran en conflicto entre sí. El código está hinchado porque tiene funcionalidades para mil casos de uso diferentes. La web carga lenta. Y cuando quieres cambiar algo que no está previsto en las opciones de la plantilla, te das cuenta de que necesitas a alguien que sepa programar.
Además, ese proveedor que cobra 300 euros no va a estar disponible para dudas, cambios pequeños o emergencias. Cobró su tiempo justo y ya está. Si la web se rompe dentro de dos meses, te va a cobrar por arreglarlo como si fuera un proyecto nuevo.
Qué significa invertir en tu presencia digital
Invertir en una web no es pagar más porque sí. Es planificar pensando en que esa web va a trabajar para tu negocio durante años.
Empieza con un análisis real de qué necesitas. No qué quieres, sino qué necesita tu negocio para crecer. Quizás no necesitas un slider gigante en la home. Pero sí necesitas un formulario de contacto que realmente funcione y te envíe los datos correctamente. O un sistema de reservas integrado. O una tienda online bien configurada para que gestionar pedidos no sea un infierno.

Una inversión real incluye desarrollo a medida de las funcionalidades que necesitas. No es cargar la web con plugins genéricos, es programar exactamente lo que hace falta. Esto significa código limpio, optimizado, mantenible. Una web que carga rápido porque solo tiene lo necesario.
También incluye pensar en el futuro. Cómo vas a actualizar contenidos tú mismo sin romper nada. Cómo va a escalar cuando tu negocio crezca. Cómo se va a mantener segura y actualizada. Todo eso requiere tiempo de planificación y desarrollo que una web de 300 euros no contempla.
Y algo fundamental: soporte real. Cuando inviertes con un profesional, esa persona o ese estudio va a estar ahí cuando tengas una duda o un problema. No vas a tener que buscar a alguien nuevo cada vez que algo falla.
El coste real de lo barato
Hace unos años vino un cliente que había pagado 400 euros por su web dos años antes. Ahora necesitaba que yo la arreglara porque estaba caída, lenta y con problemas de seguridad. La plantilla que usaba estaba desactualizada y ya no se vendía. Los plugins en conflicto. Código modificado de forma chapucera por alguien que claramente no sabía lo que hacía.
Para arreglarla y dejarla medianamente funcional iba a costar más que hacer una nueva desde cero. Porque no solo había que solucionar problemas técnicos, había que deshacer parches mal hechos, limpiar código basura, reorganizar la estructura. Al final decidimos empezar de nuevo.
Ese es el patrón que he visto repetirse. La gente paga poco al principio, tiene problemas constantes, gasta dinero parcheando, y al final acaba invirtiendo más del triple de lo que hubiera costado hacerlo bien desde el principio. Sin contar el tiempo perdido, las oportunidades de negocio perdidas por tener la web caída, y el estrés de no saber si mañana va a funcionar o no.
También está el coste de oportunidad. Una web lenta pierde visitantes. Una web que no funciona bien en móvil pierde clientes. Una web mal posicionada en Google pierde visibilidad. Cada día que tu web no está optimizada, estás perdiendo oportunidades de negocio.
Para quién tiene sentido cada opción
No voy a decirte que una web barata nunca tiene sentido. Lo tiene en contextos muy específicos.
Si estás probando una idea de negocio y no sabes si va a funcionar, una web básica puede ser suficiente para validar. Si tienes un proyecto personal sin ánimo de lucro. Si literalmente solo necesitas tener presencia mínima online y no esperas que la web genere negocio.
Pero si tu web es parte de tu estrategia comercial, si esperas que genere clientes, si vas a invertir en atraer tráfico, entonces necesitas algo sólido. No tiene sentido pagar por publicidad en Google para llevar gente a una web que carga lenta o que no convierte porque está mal diseñada.
He trabajado con muchos tipos de clientes a lo largo de los años. Los que mejor resultado obtienen son los que entienden que su web es una inversión a medio plazo. No buscan el precio más bajo, buscan el mejor retorno. Quieren una herramienta que funcione, que no dé problemas, que se pueda mantener y mejorar con el tiempo.
Cómo evaluar si estás invirtiendo o solo gastando
Cuando estés evaluando proveedores para tu web, hay algunas señales que te ayudan a distinguir entre alguien que va a hacer un trabajo rápido y alguien que va a hacer un trabajo sólido.
Un buen profesional te hace preguntas sobre tu negocio, tus objetivos, tu público. No te ofrece un paquete cerrado sin entender qué necesitas. Te explica por qué recomienda ciertas cosas y desaconseja otras. Te habla de mantenimiento, actualizaciones, seguridad. No te vende humo con palabras técnicas, te explica las cosas claramente.
También mira cómo responde a tus dudas. ¿Está disponible? ¿Te contesta con claridad? ¿O desaparece después de cobrar? La comunicación es fundamental en un proyecto web porque van a surgir dudas y decisiones durante el desarrollo.
Y revisa trabajos anteriores. No el portfolio bonito de su web, sino webs reales de clientes que llevan funcionando años. Prueba la velocidad, navega desde el móvil, mira si están actualizadas. Eso te dice más que mil promesas.
Al final, la decisión es tuya. Puedes optar por lo más barato y asumir los riesgos. O puedes invertir en algo que realmente funcione y te dure. Pero ahora al menos sabes en qué te estás metiendo con cada opción.
